La chequera afuera o el mismo mito con otro traje


La chequera afuera o el mismo mito con otro traje

Respuesta al artículo de la Dra. Ana Marleny Bustamante "¿Y si le quitamos la chequera a Papá Estado?", Diario La Nación, 2026

Por Apeleuteros, Venezolano en el exilio. 


Hay que tener agallas para decir desde Venezuela lo que dijo la Dra. Bustamante en estas páginas. En un país donde señalar al ladrón todavía cuesta caro, eso se llama valentía. Y la valentía siempre merece un aplauso.

Ahora bien, Doctora: el problema no es quién cuida la plata. El problema es por qué seguimos produciendo el botín que atrae al choro.

Su Fondo de Transformación y Estabilización parte de un diagnóstico correcto: el Estado venezolano es hamponil. Pero un FTE sería solo un candado más fino sobre la misma caja. Y para desvalijar lo que hay dentro hay maleantes de sobra en Venezuela. Carlos Rangel lo documentó en 1976, cuando los resentidos en la UCV quemaban su libro, Del buen salvaje al buen revolucionario: los caudillos venezolanos nunca construyeron repúblicas, se repartieron el Tesoro en "una verdadera rebatiña por los privilegios implícitos en el control del gobierno y el Tesoro Público." La Cuarta República lo hizo con clientelismo adeco-copeyano —y al final los peores terminaron gobernando en la Quinta. ¿Sorpresa? Ninguna. Es lo que Hayek predijo en Camino de servidumbre (1944): "los faltos de escrúpulos y los aventureros tienen más probabilidades de éxito en una sociedad que tiende hacia el totalitarismo." El demagogo monta siempre su programa sobre "el odio a un enemigo, la envidia de los que viven mejor." Totalitarismo o fascismo según el propio Mussolini es cuando todo funciona dentro y nada fuera del Estado. Los adecos, copeyanos y enchufados socialdemócratas prepararon ese Papá Estado todopoderoso para los que no tendrían ya escrúpulos de ningún tipo. ¿Y el Comandante eterno fue un accidente? ¡Yo te aviso, chirulí! Es que palo que nace torcido, ni que lo enderecen chiquito. Esa runfla de malandros de cuello blanco no inventó nada: llegó donde la habían invitado, a servirse a piacere. La caja única es un imán para los sinvergüenzas. Y sinvergüenza que huele plata ajena no suelta. Pero a cada cochino le llega su sábado.

El virus que nos metieron en la cabeza

La idea importada de El Capital y del Manifiesto del Partido Comunista de que toda ganancia es robo, todo rico es ladrón, se ha convertido en parte de la idiosincrasia del venezolano. Por eso decir algo como "cada día sale un pendejo a la calle, el que lo agarre es pa' él" es parte de las leyes mosaicas venezolanas: Robarás. Porque toda propiedad es robo, el que roba lo robado no es ladrón sino justiciero. Y así hasta el infinito porque el que lame la manteca acusa al gato.

Pero la premisa es absolutamente falsa. Veamos. ¿Un vaso de agua en Caracas vale lo mismo que en el Sahara? ¡Pues, claro que no! Si te estás muriendo de sed, vendes hasta tu madre pa' pagarlo. ¿Cambió el trabajo de hacer el vaso? No. Cambió la necesidad. Los escolásticos de Salamanca lo dijeron en el siglo XVI y Menger lo demostró en 1871: el valor no vive en las cosas, vive en quien las necesita. Marx lo ignoró porque sólo le obsesionaba algo: no crear riqueza sino acabar con lo que él llamaba la burguesía. Si el valor está en el cliente y no en la cosa, crear riqueza no es explotar a nadie: es satisfacer necesidades. Tratar al prójimo como cliente —darle lo que necesita mejor que nadie— es la única solidaridad que funciona de verdad.

La riqueza que no existe y la empresa que sí

El petróleo en el subsuelo no es riqueza. Es tierra. ¿Qué pasa si mañana nadie lo quiere? ¡Que Venezuela se queda pelando bola! Porque cien años de renta fácil no produjeron empresarios: produjeron cola. Como dijo Rangel, cuando aún Venezuela nadaba en petrodólares, Venezuela sin el petróleo estaría más o menos en el nivel de Honduras —no por inferioridad, sino por ausencia de cultura productiva. 

Hagamos el ejercicio mental: PDVSA privada, capital en riesgo, competencia abierta, seguridad jurídica real. ¿Qué pasaría? Que quien no produce quiebra. Que los precios reflejan costos reales. Que desaparece el botín. Sin caja única no hay qué saquear. Sin qué saquear, el caudillo pierde su razón de ser. ¿Suena raro en Venezuela? En el resto del mundo se llama normalidad.

La pregunta que ningún fondo puede responder

Corea, Singapur, Suiza, Irlanda prosperaron sin petróleo. Lo hicieron construyendo culturas donde el esfuerzo tiene premio, la propiedad privada es sagrada y servir al cliente mejor que la competencia es la única forma honesta de enriquecerse. Donde nadie espera agarrar al pendejo de la calle —porque no hay pendejos que agarrar. Hay clientes que conquistar.

La verdadera transformación, Doctora Bustamante, no es sacar la chequera afuera. Es construir una Venezuela donde la plata venga del trabajo; donde el rico no sea sospechoso sino admirado; donde el empresario no sea un explotador sino un creador; donde el Estado sea el árbitro imparcial y no el gran repartidor de migajas. 

Ningún pueblo se cura de su adicción a la renta cambiando de cajero. Capitalismo, ahorro y trabajo duro, eso es lo que necesita Venezuela. Y eso, me temo, sólo puede iniciarse en la guardería y en la escuela con un reseteo mental y cultural gigantesco. Porque niño que nace torcido, ni que lo enderecen chiquito.


Referencias: Rangel, C. Del buen salvaje al buen revolucionario, 1976. Hayek, F.A. Camino de servidumbre, 1944. Bustamante, A.M. "¿Y si le quitamos la chequera a Papá Estado?", Diario La Nación, 2026.


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